viernes, 15 de junio de 2018

Englishman in Youth Work


¡¿VAS A IR SOL@?!

Esa pregunta sale casi instantánea cuando le dices a tu familia y amigos que te ha seleccionado El GDR para realizar un Erasmus+. Ya habíamos ido anteriormente a intercambios, no éramos novatas, pero el sabor de la emoción y el miedo nunca se disipa siempre surge alguna duda momentánea “¿quién será mi compañer@?” “¿Llegaré al destino sin perderme?” “¿merecerá la pena?”. Esa ilusión y miedo es algo que debes equilibrar, o decidir qué pesará más. Nosotras decidimos que pesaría más nuestra ilusión, las ganas por aprender y por descubrir, desde echar la inscripción a este viaje, hasta subirnos en un avión con una desconocida, en el que las dos coincidimos que esa desconocida sería posteriormente una compañera de viaje y de anécdotas, una amiga, un pilar.
Nuestra experiencia comenzó antes del viaje; búsqueda de vuelos, audios interminables de cómo podíamos organizarnos respecto comida, qué llevar y qué necesitábamos; hasta comparando quién estaba más nerviosa de las dos.     Pero como hemos dicho, la emoción fue mayor, mucho mayor, y allí estábamos, embarcándonos a nuestra propia aventura, tanto individual como de grupo que formamos.
Nuestro destino, Cracovia, llegamos un día antes del día de quedada, y nada más llegar descubrimos que tanto frío como creíamos que hacía, nos sobraban una media de 2 kg de ropa. La calle donde se encontraba nuestro hotel o no sabían dónde estaba o modificaban el nombre de la misma mínimo ocho veces. Pero finalmente conseguimos llegar. Y a pesar de ser un tercero sin ascensor hicimos un buen equipo de subir por turnos nuestros pedazos de maletones de “pa’ por si”.

El día del encuentro, fue tímido al inicio, teníamos un punto de quedada y hora, y poco a poco iban sumándose los participantes de los diferentes países del proyecto. Pero rápidamente pasó de un “¿qué tal el viaje?” A qué expectativas teníamos del viaje, hablar de nuestros países y finalmente a hablar de nosotros mismos. Pronto descubrimos que a pesar de los países y culturas diferentes, teníamos más en común de lo que creíamos.
El proyecto, llamado “Englishman in Youth Work”, tenía como intención enseñarnos no solo a cómo crear un proyecto como los que realizábamos en nuestros intercambios, sino a saber desenvolvernos y a perder el miedo y la timidez.
-Nos impartieron clases de inglés y expresiones junto con actividades dinámicas para ponerlo en práctica para unirnos más como grupo mediante risas.
-Clases de edición de vídeo para desarrollar nuestra faceta más creativa.
-Y cómo no, no faltaron las actividades sobre nuestros países y culturas al igual de cómo desarrollar nuestra identidad como grupo, porque ante todo querían fomentar que nosotros éramos nuestra propia entidad, una pequeña familia. Que podemos asegurar, no fue preciso forzarlo.

Fueron transcurriendo los días, y esos desconocidos/as, al igual que ocurrió entre nosotras, ya no eran ellos, sino nosotros. Consiguieron lo que pretendían, aunque el tiempo fue breve (siempre se hace breve) crecimos personal y profesionalmente, formamos nuestro grupo, nuestra pequeña familia. Pero como toda buena experiencia, al igual que un inicio tiene final. Siempre las despedidas se hacen amargas, pero también se llenan de promesas, promesas de un nuevo encuentro, de no perder el contacto y por supuesto de tener reservado pequeño huequito en tu corazón para este grupo.
Así que a la pregunta, “¿vas tú sol@?” aunque tengas ese cosquilleo en el estómago responde siempre: No, sol@ nunca.



Hola :) Para empezar esta semana queremos compartir con vosotr@s los momentos inolvidables del intercambio en Polonia Englishman in Youth Work y la historia interesante y aventurera de nuestras participantes. Esperamos que os inspire mucho!:)

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